Las once razones (y algunas más) de Madrid para abrazar la Aitana-manía
Farandula

Las once razones (y algunas más) de Madrid para abrazar la Aitana-manía

Concierto de Aitana en el Wizink Center en Madrid. EFE/Rodrigo Jiménez

Javier Herrero.

Concierto de la cantante Aitana en el Wizink Center de Madrid, con todas las entradas agotadas, el remate en España de su última gran gira, "11razones+". EFE/Rodrigo Jiménez

Madrid, 22 sep (EFE).- En un mercado musical tan heteropatriarcal como ha sido el español tradicionalmente, Madrid ha mostrado esta noche con su Aitana-manía que existe un espacio enorme para acoger a figuras patrias en la línea de las divas anglosajonas que se hacen fuertes sobre una energía orgullosamente femenina y pop.

Concierto de la cantante Aitana en el Wizink Center de Madrid, con todas las entradas agotadas, el remate en España de su última gran gira, "11razones+". EFE/Rodrigo Jiménez

Lo dicen los gritos de fervor que la joven catalana ha arrancado esta noche a las miles de mujeres, adolescentes y niñas (y algún que otro hombre) congregados en el Wizink Center, más de 15.000 según la organización, en su tercera incursión en este recinto en menos de un año (la segunda en una semana) y, como en las anteriores ocasiones, con el cartel de “no quedan entradas”.

“¡Este es el último concierto! Me da mucha pena porque han sido unos meses maravillosos. ¡Qué ilusión terminarlo aquí en Madrid, que también la siento mucho como mi casa!”, ha señalado la artista ante la acogida recibida en este final de “tour” en España antes de emprender rumbo a Latinoamérica para seguir avanzando en su camino ascendente.

Aitana Ocaña (Barcelona, 1999) abandonó “OT 2017” como subcampeona y repitió así una vez más esa ley no escrita de que es el mejor puesto para triunfar en esta industria. Con 23 años y dos álbumes en el mercado, es a día de hoy una de las mujeres más importantes de la industria musical nacional tras convertir en oro (o en disco de platino) casi todo lo que toca.

Aitana es puro presente y esta gira de “11 Razones Más” es prueba de ello en cuanto supuesto apéndice del “tour” que concluyó el pasado diciembre y que, de nuevo con casi todas sus localidades vendidas en grandes escenarios del país, ha justificado su existencia en un repertorio que no hace sino crecer.

De hecho, de la veintena de cortes que aproximadamente lo han conformado, al menos un tercio ha visto la luz en el último año (la más reciente, “Otra vez”, este mismo jueves). Muchos de ellos serán anticipo de su tercer disco de estudio y unos cuantos más surgieron como fruto de su buen oído y de su confianza en la colaboración con otros compañeros como motor de crecimiento mutuo.

Esa es una de las razones que podrían explicar el fervor madrileño por la joven diva catalana junto con ese candor y carisma que es marca de la casa, pero hay más, como el gesto de respeto por su público que supone que su concierto haya arrancado exactamente a la hora marcada, las 9 y media de la noche.

Lo haya hecho con una vistosa introducción, entre un crepitar de focos y unas apabullantes proyecciones que han revestido a Aitana de ese aura de gran estrella, algo a lo que también ha contribuido una producción escenográfica más grande de lo que estilan los artistas nacionales, con un despliegue lumínico al que han sacado todo su rendimiento en cortes como “Resilient”.

Muy parlanchina entre canción y canción (probablemente de más para un mejor ritmo del concierto), no ha parado de comentar anécdotas y de ejercer de buena anfitriona para sus invitados: Sebastián Yatra (con el que ha cantado “Las dudas” y Corazón sin vida”), Marni (“Tu foto del DNI”), Ptazeta (“Quieres”) y, casi en el remate, un gran colofón con Zzoilo (“Mon Amour”).

Para el arranque de la velada ha escogido “Formentera” y lo ha hecho parapetada por una banda de cinco músicos, un esfuerzo a reivindicar en tiempos de música enlatada, aunque solo sea por el esfuerzo económico a favor de unos profesionales que han sufrido mucho durante el parón pandémico.

En la misma línea, Aitana se planta micrófono en mano sin maquillajes sonoros para su voz. Tal y como se la conoció en “Operación Triunfo”, sale y canta para enamorar con su timbre lleno de color especialmente en los cortes más lentos como “Con la miel en los labios”.

Cierto es que se siguen haciendo patentes sus dificultades coreográficas, pero hasta eso lo convierte en una fortaleza al echar mano de honestidad. “Gracias a todos mis bailarines por ayudarme en la búsqueda de movimientos con los que me sintiese cómoda”, ha dicho hacia el final del concierto, cuando ha recordado el percance que sufrió en un tobillo.

Ese deseo de superarse ha vuelto a quedar patente cuando ha confesado sus dificultades para tocar el piano delante de público y, aún así, se ha sentado al teclado para tejer un arranque acústico para “Berlín”.

Además, en los besos coreografiados de este tema ha hecho patente su interés por visibilizar la diversidad sexual, mientras que con “Ni una más” ha intentado luchar contra la desigualdad femenina, razones todas que, parafraseando uno de sus más famosos temas, le ha valido que Madrid le prometiera a viva voz: “Me quedo”.

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