Alonso, sobre su renovación: “En vacaciones nos sentaremos y decidiré algo”
Fernando Alonso, este jueves a su llegada al circuito de Hungaroring. EFE/EPA/Zoltan Balogh
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Alonso, sobre su renovación: “En vacaciones nos sentaremos y decidiré algo”

Budapest, 28 jul (EFE).- El español Fernando Alonso (Alpine), doble campeón del mundo de Fórmula Uno, celebra este viernes, coincidiendo con el arranque de los entrenamientos libres para el Gran Premio de Hungría, su cuadragésimo primer cumpleaños, en plena forma y en el Hungaroring: el circuito en el que festejó la primera de sus 32 victorias en la categoría reina, en las afueras de la imperial Budapest. Un triunfo que en aquel momento lo convertía en el más joven ganador de la historia.

Fernando Alonso, este jueves a su llegada al circuito de Hungaroring. EFE/EPA/Zoltan Balogh

El 14 -número que porta en su monoplaza desde que, hace ocho años, cada piloto pudo elegir el suyo- cumple 41. A tope. En un estado que poco tiene que envidiar al de sus mejores tiempos. Con el talento y la genialidad con el que fascinó al mundo a principios de siglo casi intactos. Haciendo buenas las declaraciones que efectuó, en una entrevista con Efe que tuvo lugar en Austria el año pasado: que “lo que realmente importa en la F1 no es la edad, sino el cronómetro”.

En la categoría reina, Fernando -que años antes había ganado el Mundial de kárting y había brillado en otras series, entre ellas la F-3000 (actual F2)- debutó en 2001, con Minardi, en el peor coche de la parrilla, con el que logró ser décimo, en Hockenheim (Alemania), asimismo en otro día que festejaba cumpleaños: el vigésimo.

Durante un año fue probador con Renault y nada más sentarse al volante de un monoplaza de la escudería del rombo, empezó a batir, en 2003, todos los récords de precocidad. Entre ellos, los de ‘pole’ y podio -en la segunda carrera del año, en Malasia-, vuelta rápida -en Canadá- y triunfo: aquí, en Hungría.

El del Hungaroring fue el primero de sus 32 triunfos. Que fueron los 32 de España a lo largo de toda su historia en la categoría reina hasta que a principios de este mes -el 3 de julio- y nueve años después de que Fernando ganase, de momento, por última vez -en Montmeló (Barcelona), el Gran Premio de España-, el madrileño Carlos Sainz se anotase con su Ferrari el Gran Premio de Gran Bretaña; en Silvertone. El escenario, en 1950, de la primera carrera de la historia de la F1.

Alonso, que ahora puede apuntar a plusmarcas relacionadas con la longevidad -en Francia mejoró la de vueltas dadas en carrera, que poseía el finlandés Kimi Raikkonen-, mejoró en su día todos los récords de juventud. Entre ellos, por supuesto, también, el de campeón del mundo más joven (2005, con Renault) y el de bicampeón de menor edad, al renovar título al año siguiente. De nuevo con el equipo que comandaba el italiano Flavio Briatore; que culminó la obra que empezó a crear su padre, José Luis: el hombre que educó a un hijo al tiempo que forjaba a un gran campeón.

Después de 17 años en la división de honor del automovilismo, en los que militó cinco años en las dos principales escuderías -McLaren (en dos periplos) y Ferrari, el equipo más laureado de la historia-, anunció una retirada que no fue definitiva. Con un balance de tres subcampeonatos intercontinentales, las 32 citadas victorias (17 con Renault, cuatro con McLaren y 11 con la ‘Scuderia’), 97 podios (que ya son 98), 22 ‘poles’ y 23 vueltas rápidas.

El genio astur certificó matemáticamente su primer título en Brasil, poco después de ser galardonado con el Premio Príncipe de Asturias del Deporte (actualmente Premio Princesa de Asturias). Entonces, declaró, en entrevista exclusiva con la Agencia Efe, en Sao Paulo, que con el séptuple campeón mundial alemán Michael Schumacher -al que destronó ese día- en pista tenía “mucho más valor” un título que “sólo” dedicaba a su “familia y amigos”. Un título que volvió a festejar en Interlagos justo un año después.

Antes de regresar a la F1, con Alpine (con la que parece estar a punto de renovar contrato, salvo que el anuncio de la retirada del alemán Sebastian Vettel, hecho público en el Hungaroring este jueves, cambie bruscamente los acontecimientos) y afrontar su tercer periplo con la ‘heredera’ de Renault, Alonso compitió dos años en otras categorías. Anotándose, entre otros, el Mundial de Resistencia (WEC) y (dos veces) las 24 Horas de Le Mans (Francia), con Toyota; y las 24 Horas de Daytona (EEUU) -una prueba del IMSA-.

No pudo culminar, en las 500 Millas de Indianápolis (EEUU), su intento de convertirse en el segundo de la historia -después del inglés Graham Hill- en ganar la ‘Triple Corona’, pero causó una muy grata impresión en su participación en el Rally Dakar, en el desierto de Arabia Saudí.

El año pasado regresó a la Fórmula Uno con el único deseo para ese curso de familiarizarse de nuevo con la categoría que lo convirtió en un ídolo de masas. A pesar de ello, el genial piloto asturiano protagonizó unas cuantas exhibiciones, como las de Azerbaiyán y Silverstone, antes de elevar a 98 su nómina de podios al acabar tercero en el debut de Qatar, en Lusail: siete años después del anterior cajón, que había logrado precisamente en Hungría, en 2014, al acabar segundo con un Ferrari.

La historia de Alonso está indisolublemente ligada al Hungaroring. Obviamente, no sólo por ser el circuito en el que más cumpleaños ha festejado. Además de lograr aquí su primer triunfo, doblando al ‘Kaiser’, en Hungría siempre han pasado muchas cosas relacionadas con el piloto de Oviedo.

En 2004, un año después de esa primera victoria y con la ‘Alonsomanía’ totalmente desatada en España -un país donde cinco años antes pocos hubiesen imaginado un piloto ganando carreras y quien hubiese afirmado que habría un campeón del mundo hubiese sido tachado de loco-, Fernando acabó tercero en las afueras de la bella capital húngara.

Los dos años que ganó Mundiales, curiosamente, no puntuó en Hungría. Pero en 2006 dejó para la historia unas imágenes genuinamente increíbles. Sancionado con dos segundos -uno en cada una de las dos sesiones que de aquella tenía la calificación-, Alonso arrancó decimoquinto bajo la lluvia; y en unas primeras vueltas casi sin visibilidad, tan espectaculares como escalofriantes, rebasó a todos para colocarse líder, antes de que una tuerca mal puesta acabase con un neumático fuera y el ovetense retirado.

El año del debut de Lewis Hamilton, 2007, fue el del caos interno en McLaren, que había fichado a Alonso para llevarse el ‘1’ a Woking, donde coincidiría con el ahora séptuple campeón mundial inglés, entonces debutante. Ese año acabó como el rosario de la aurora.Pero la guerra civil entre las ‘flechas de plata’ estalló definitivamente en Hungría.

Alonso había sido el mejor en una calificación en la que hubo una fortísima discusión entre Ron Dennis -entonces jefe de equipo- y Hamilton sobre quién debía tener la última vuelta en la cronometrada principal. De forma sorprendente, los comisarios analizaron los incidentes internos en el equipo inglés y siete horas después, la clasificación oficial confirmó la provisional, con el asturiano en ‘pole’. Pero, en uno de los episodios más oscuros de la F1, por la noche se anunció, sin especificar claramente los motivos, que Fernando iba a ser sancionado con cinco puestos en parrilla.

El astro astur perdió de esa forma un triunfo seguro -que se anotó el británico- y el Mundial de 2007, que se acabó llevando a Ferrari el finés Kimi Raikkonen. El ultimo campeón de rojo hasta la fecha.

Su penúltimo podio, el citado de 2014, se produjo en el Hungaroring, escenario también de su hasta ahora última vuelta rápida y en el que el año pasado efectuó una impagable labor de equipo en favor de su actual compañero, el francés Esteban Ocon, que ese día festejó su primera victoria en la F1.

Este año, Alonso marcha décimo en el campeonato; algo que a los no entendidos les parecerá una posición insignificante. Pero la realidad es que el doble campeón mundial asturiano -al que le ha perseguido el infortunio durante toda la temporada- debería estar muchísimo más adelante, con un coche con el que le pelea el cuarto puesto del Mundial de constructores a McLaren.

En Arabia Saudí sufrió una avería en la bomba de agua. En Australia hubiese salido desde la segunda fila de no ser por un problema hidráulico causado por una fuga en el sello de aceite; y cuando rodaba quinto en Melbourne, paró con un coche de seguridad virtual antes de ahogarse en tráfico y acabar el 17.

En Imola (Italia), sede del Gran Premio de la Emilia Romagna, salió quinto en la calificación sprint, pero acabó noveno por degradación gomas; y en la carrera, tras la resalida consiguiente a un coche de seguridad, le tocó el Haas del alemán Mick Schumacher y perdió medio pontón antes de abandonar.

En España -donde ganó dos veces, en 2006 y en 2013: su último éxito hasta la fecha- la mala comunicación de sus ingenieros lo dejó eliminado en la Q1. Cambió motor y remontó al noveno desde fondo parrilla; pero, sin problemas, hubiese sido sexto o séptimo. En Canadá se exhibió y acabó segundo la calificación. Pero sufrió una fuga de aire en la unidad de potencia y acabó bajando hasta el séptimo con el que cruzó la meta, antes de ser sancionado por zigzaguear delante del finés Valtteri Bottas y acabar noveno una prueba que, en condiciones normales, hubiese finalizado cuarto.

Y en la penúltima carrera, en Austria, donde fue octavo en la calificación pero hubiese sido sexto sin problemas del suelo, no pudo salir en la prueba sprint. Arrancó desde el fondo de parrilla y acabó décimo; pero pudo haber sido sexto o séptimo si no hubiese tenido que repetir el pit stop por un desajuste del neumático delantero izquierdo.

El pasado domingo, en Francia, al fin, acabó contento, tras exhibirse en la salida, primero; y conteniendo al McLaren del inglés Lando Norris, después: lamentablemente, sólo para acabar sexto. Un resultado que, en su opinión sería habitual o incluso mejor, con fines de semana sin incidencias. Y que sería notablemente superior con un coche con mejores prestaciones.

Alonso cumple 41. Y tiene cuerda para rato.

Adrian R. Huber